miércoles, 3 de junio de 2009

Hablar con los hijos: clave para su desarrollo social


***Potenciar el diálogo con los más pequeños contribuye a mejorar sus habilidades sociales Durante la infancia las habilidades sociales comprenden la capacidad para gestionar de manera correcta los sentimientos y comportamientos, reconocer las señales sociales de los demás y participar e interaccionar con el resto de compañeros de forma positiva. Un nuevo estudio muestra que la forma en que las madres hablan con sus hijos cuando son pequeños tiene un efecto positivo y duradero en este desarrollo social.
Con las habilidades sociales expresamos sentimientos, actitudes, deseos y derechos. Con un buen desarrollo de las mismas llevamos a cabo estas expresiones de manera adecuada, de modo que nos permiten resolver con éxito los problemas con los demás. Su dominio ayuda también a conseguir satisfacciones en todos los ámbitos, el familiar, el de las amistades, el laboral e, incluso, el de las relaciones amorosas.
La habilidad social se basa en dos tipos de lenguaje. En primer lugar se encuentra el lenguaje no verbal: gestos, posturas, la sonrisa o la mirada. Por otro lado, el lenguaje de la palabra que incluye, además, la entonación, el volumen de la voz y el equilibrio entre hablar poco o demasiado. Escuchar a los demás, saber agradecer, aprender a iniciar una conversación o a formular preguntas, pedir permiso, compartir, ayudar a los demás y saber llegar a acuerdos. Son todas habilidades básicas que nos integran de forma adecuada en la sociedad.
El proceso de socialización se desarrolla lentamente a través de un complejo proceso de interacciones personales, ambientales y culturales. La familia, sobre todo los padres, es el grupo social elemental donde se producen los primeros intercambios de conductas sociales y afectivas, valores y creencias. Son los que en el futuro tendrán más influencia en el niño.
Desde la infancia
La intervención temprana de la familia, con acciones sencillas pero muy importantes, es una herramienta clave para mejorar y aumentar todas estas habilidades sociales descritas. Un nuevo estudio de la Universidad de Sussex (Reino Unido) ha mostrado que la forma en que las madres hablan con sus hijos cuando son pequeños tiene un efecto beneficioso y duradero en sus habilidades sociales. Los resultados han mostrado que cuando las madres hablan a sus hijos de sentimientos, creencias, deseos e intenciones de otras personas, estos desarrollan una mejor comprensión social que la que tienen los niños que no reciben mensajes sobre estados de ánimo.
Los investigadores midieron la comprensión social en niños de entre 3 y 12 años. Observaron la forma en que cada madre hablaba con sus hijos de tres años mientras miraban juntos una serie de imágenes. Hallaron que los niños cuyas madres habían descrito el estado de ánimo de algunas de las personas de las imágenes hicieron los ejercicios de comprensión social mejor que los que no recibieron esta información. La influencia de las conversaciones con la madre disminuyó en el mismo experimento con niños de 8 a 12 años.
Los investigadores lo atribuyen a que los niños mayores tienen más tendencia a verse influenciados por sus compañeros y otros adultos. Los resultados remarcan la necesidad de ahondar en la importancia del desarrollo social de los niños en sus primeros años de vida.
Pequeñas acciones, grandes logros
Los investigadores aseguran que estos resultados muestran que facilitar el desarrollo social del niño no debe ser una tarea complicada, ya que las charlas sobre el estado de ánimo no son difíciles. No requiere unas habilidades lingüísticas destacadas ni una comprensión social compleja. Por el contrario, éstas parecen ser del todo didácticas. Son muchas las publicaciones basadas en otras recomendaciones a los padres para guiarles en el correcto desarrollo social y emocional de sus hijos.
Los consejos giran en torno a responder al hijo con el nivel apropiado a su desarrollo mental, hablar sobre acciones u objetos que le interesan o usar la palabra para responder a sus gestos. También se recomienda a los progenitores que esperen respuestas gestuales a ciertas palabras clave en aquellos niños que aún no hablan, explicarles de forma detallada acciones que se van a llevar a cabo antes de hacerlas y esperar unos segundos antes de iniciarlas, motivarles a explorar el espacio, felicitarles ante el éxito y organizar encuentros entre niños pequeños y recién nacidos para que inicien sus relaciones sociales.
La edad de tres años es fundamental en el inicio en el desarrollo de las habilidades sociales en los niños. Un estudio de 2007 elaborado en la Universidad de Michigan (EE.UU.), presentado en el encuentro anual de la Society for Research in Child Development, apuntaba a esta edad como predictora de las futuras habilidades tanto sociales como académicas de los niños.
Este estudio añadía resultados sobre los efectos beneficiosos que puede tener en los niños la intervención paterna en el ámbito del desarrollo social, que los niños con estrés tenían más probabilidades de mostrar menos habilidades sociales y que, de la misma manera, una nutrición infantil poco adecuada era un factor de riesgo importante.
Habilidad social y comportamiento
Los resultados del estudio de la Universidad de Sussex también han mostrado que la facilidad para comprender a los otros no está relacionada con el buen comportamiento. Al contrario. Los investigadores hallaron que los niños con una comprensión social más compleja mostraban comportamientos negativos hacia sus madres cuando realizaban una prueba en equipo. Los expertos lo atribuyen a que el desarrollo verbal del niño a estas edades no se ha terminado aún del todo. Esta característica podría explicar el porqué de esta contradicción. Cuando se pueden usar las palabras de manera efectiva, se precisa menos expresar las emociones o necesidades a través de un mal comportamiento.


Fuente:

Nueva Prensa Guayana

02/06/09



No olvides visitar

Pequeños dictadores en la mesa


Todo padre y toda madre de un niño pequeño sabe que la hora de la comida puede ser un campo de batalla. La especialista Su Laurent afirma que algunos padres atribuyen los caprichos de sus hijos a trastornos alimentarios en lugar de calificarlos como lo que son: mala conducta.

Me paso buena parte del tiempo revisando a niños saludables, cuyos padres están convencidos de que padecen trastornos de nutrición.

Algunos aseguran que sus bebés están incapacitados para tragar sólidos; otros piensan que sus pequeños simplemente "desaparecerán" a menos que se les ofrezca esas pocas comidas que les gustan. Mientras que otros juran que sus hijos no comen "nada absolutamente", mientras estos ¡se vacían un paquete de de golosinas frente a mis ojos!

Los tres casos son ejemplos de qué arma tan poderosa es la comida y de qué tan rápido comiezan los niños a manipular a sus padres.

La mayor dificultad que encuentro es que los padres frecuentemente tienen fija la idea de que sus hijos sufren un trastorno de alimentación y puede ser muy difícil convencerlos de que, por el contrario, sus pequeños son muy poderosos y se están saliendo con la suya: comen exactamente lo que quieren y nada más.

Es más habitual que un padre dedicado crea que su pequeño padece un problema y no admita una falta de conducta.

Papas fritas... o papas fritas

Si su hijo se niega a comer, no le dé refrigerios.
La verdad es que me desanima escuchar historias de almuerzos que se prolongan durante horas, de niños a los que hay que alimentar a la fuerza, o de otros a los que los padres les dan de comer haciendo peligrosas maniobras mientras los distraen con la televisión.

Hay algunos padres que llegan a saltar sorpresivamente por detrás de un sillón para llamar la atención del hijo ofuscado que ha cerrado la boca.

Otros se conforman con que su hijo se limite a comer papas fritas, trozos de pollo frito o cereales con chocolate.

Una madre me contó con orgullo que, desde la última vez que había traído a su hijo de siete años, éste había aceptado un nuevo tipo de comida. Ahora, además de papas fritas de McDonald's, ¡comía papas fritas de KFC!

Se podrán imaginar la cara que puse.

Estos niños generalmente están obesos y, sin embargo, sus padres viven con temor de que se les mueran de hambre a menos que coman exactamente lo que quieren comer.

En estas familias la comida domina, y los padres se han metido en un lío del que no saben cómo salir.

¿Quién cederá?

La hora de la comida puede ser un rito entretenido. No haga un drama si no quiere comer.
Entonces, ¿cómo deberían abordarse estos problemas?

Los principios básicos son:

* Hacer de la hora de comer un rito entretenido

* Comer con los hijos todas las veces que sea posible

* Acabar con la alimentación a la fuerza

*Dejar que siga su ejemplo y se alimente él mismo, aunque se ensucie

* Y recordar que los niños saludables jamás se dejarán morir de hambre

Los bebés pueden comer con la mano desde muy pequeños y, sin embargo, los padres prefieren darles la comida con cuchara para ensuciar menos.

Un pequeño que siente que está siendo alimentado a la fuerza desarrolla una asombrosa capacidad de cerrar la mandíbula, mover la cabeza, hacer arcadas y negarse a tragar.

Por eso, es mejor presentar a los niños una pequeña cantidad de comida sana y quitar el plato después de 15 minutos, incluso si no ha tocado el alimento.

No haga un drama y resista la tentación de darle un refirgerioantes de la próxima comida, aunque se ponga furioso.

Limite la ingesta de leche a medio litro al día, ya que muchos niños con mañas obtienen la mayoría de sus calorías de la leche. Entusiasme a su hijo a tomar agua o jugo de frutas muy diluido.

Recompense a su pequeño cuando pruebe algo nuevo y no lo castigue cuando se niegue.

Un niño muy testarudo podrá rechazar la comida dos o tres comidas, pero eventualmente cederá, a menos que se le ofrezcan refrigeriosfuera de hora.

Claro que, como madre de tres hijos, reconozco que todo esto se dice más fácil de lo que se hace.


Fuente:
BBC Mundo

03/06/09



No olvides visitar

martes, 2 de junio de 2009

Madres sobre 36 años tienen mejor vínculo temprano con sus hijos que las más jóvenes



La proximidad y el vínculo que tenga una madre con su hijo serán determinantes en el desarrollo del pequeño. Y aunque ese apego siempre existe, no necesariamente será beneficioso. Para que el apego sea seguro y le otorgue al pequeño una multiplicidad de beneficios durante su vida, la madre deberá ser capaz de contener el estrés que tiene su hijo y que se presenta desde los primeros días de vida.
Las mamás que le otorgan un apego seguro a su hijo suelen darse cuenta perfectamente de lo que a sus guaguas les pasa y son capaces de contenerlas. Y esta capacidad está más desarrollada mientras más edad tiene la madre.
Esa es una de las conclusiones a la que llegó un estudio chileno llevado a cabo por expertos de la Universidad del Desarrollo y la Universidad de Chile. La investigación, realizada a 130 niños con sus respectivas madres, fue publicada en la Revista Argentina de Clínica Psicológica y reveló que las madres desde 36 a 46 años de edad presentaron un 87% apego seguro con sus hijos. En tanto, las madres de 13 a 18 y de 19 a 35 tuvieron sólo 70% de apego seguro.
MÁS EXPERIENCIADespués de haber colaborado en la crianza de los sobrinos o de haber sido testigo de cómo sus amigas lograban descubrir qué significaba determinado llanto de sus bebés, no es extraño que una mujer madura, de más de 36 años, logre un mejor vínculo temprano con su hijo, que una mujer de 25. Sobre todo, si esta mujer ya tiene una vida estable y su seguridad en sí misma ha alcanzado un excelente nivel.
Esas son las razones que esgrime Felipe Lecannelier, sicólogo y director del Centro de Estudios Evolutivos e Intervención en el Niño (Ceein), quien dirigió esta investigación. Aunque el experto señala que este resultado no se puede extrapolar a todos los casos, porque la muestra de madres mayores de 36 años era más bien menor, hay otros estudios internacionales que confirman la tesis de que mientras mayor sea la madre, más apego seguro generará.
Uno de ellos es el recopilado por la revista Infant Behavior & Development. Los investigadores de la Leiden University (Países Bajos) descubrieron que tanto en familias negras como blancas, la edad era un factor común cuando había diferencia de apego: mientras más edad tenía la madre, más apego seguro había.
Según Mónica Kimelman, siquiatra de la Universidad de Chile que también participó del estudio chileno, la clave del apego seguro en la madre está en tener un proyecto de vida personal armonizado que le dé posibilidades síquicas y físicas de contener al niño. "Esto es positivo en términos de la tendencia que se está dando actualmente, donde la edad de una mujer cuando tiene su primer hijo es cada vez mayor", comenta la especialista, y agrega que las mamás mayores son personas que probablemente planificaron el nacimiento de su hijo. Tienen todo estudiado.
Por otra parte, una madre por sobre los 36 tiene mayores posibilidades de haber tenido hijos antes, lo que le da más experiencia y argumentos.
IDENTIFICAR EL LLANTOLos niños viven pequeños episodios de estrés todo el día. Si una guagua de dos meses tiene frío, su respuesta a la ansiedad por conseguir calor será simple: llorar. Lo mismo pasa con otras situaciones, como el hambre, reflujo, cólicos, ruidos o desconocimiento. La mamá capaz de saber cuál de las infinitas alternativas es la correcta tendrá la destreza para acoger al pequeño, satisfacer su necesidad y calmarlo.
Como explica Lecannelier, las mamás que leen mejor a los niños, los atienden mejor. Son mujeres que miran más a sus hijos, se preguntan qué sienten o qué piensan. "Las mamás más seguras son las más curiosas de lo que el niño hace", dice, y agrega que otra característica especial en ellas es que tienen la capacidad de darse cuenta de lo que a ellas mismas les sucede. Un autoconocimiento que se consigue con el tiempo.
CLAVES PARA MEJORAR EL APEGOLo principal es saber leer a los niños. Para ello hay que acercarse a amigas, a la mamá, a la suegra y, en general, a mujeres con experiencia materna y que tengan la capacidad de distinguir cuándo es un cólico o hambre lo que hace llorar al bebé.
Una vez que se sabe qué origina la ansiedad del pequeño, hay que intentar distintas maneras de contenerlo. La idea es que el niño sepa que sus padres estarán ahí cuando él lo necesite.
Como explica el sicólogo Felipe Lecannelier, la clave en una mamá capaz de otorgar apego seguro está en preguntarse siempre cómo se sentirá su hijo frente a alguna situación.


Fuente:

La Tercera.com

02/06/09



No olvides visitar

Familias aprenden a sortear la crisis


NUEVA YORK (Money Magazine) — Dalyn Fountain, de catorce años, tiene todo lo que necesita un adolescente hoy: su propio teléfono celular, un iPod, una laptop nueva y televisión por cable en su recámara. Hasta hace poco, ella contaba con su propia línea de crédito en el Banco de Papá & Mamá (sin necesidad de pagarles).
"Normalmente le dábamos dinero para que fuera al centro comercial y actualizara su guardarropa con lo nuevo de Abercrombie y Aeropostale", confiesa su mamá, Donna Kornegay de 41 años, directora de bienestar en una Facultad de Derecho en Durham, Carolina del Norte.
Pero, con el país en recesión, Donna y su esposo Dexter, (padrastro de Dalyn), de 36 años, sienten la necesidad de cambiar sus hábitos para gastar, y francamente, sus hábitos en general. "Hemos sido extravagantes con nuestros hijos y con nosotros mismos", dice Donna. "Ahora nos estamos reajustando".
Para empezar, pusieron un alto a las salidas e instituyeron una cuota de 20 dólares a la semana para Dalyn, y de 3 dólares para su hermana Desmyn, de 6 años. El cambio no ha sido muy duro para Desmyn, quien no ha comenzado con sus visitas frecuentes al centro comercial, pero para Dalyn, esta cosa nueva a la que llaman "presupuesto" no es muy divertida. "Es difícil", dice. "Es como si estuviera comprando y comprando y comprando y, de pronto, ya no".
Los Kornegay son una de muchas familias que se están familiarizando con una palabra pequeña pero poderosa: no. No a las fiestas de cumpleaños extravagantes, no a otro iPod para remplazar el que perdiste, no a que tus hijos tomen tu tarjeta de crédito para ir de compras a J. Crew.
En una encuesta reciente de Money, 54% de los padres admitieron que sus hijos tienen muchas cosas. Asimismo, más de la mitad dijo que dada la crisis económica, gastarán menos en sus hijos en los próximos años. En pocas palabras, la corrección del mercado de acciones podría llevar a una corrección en los valores financieros bajo los que educamos a nuestros hijos.
"Los padres ya se dieron cuenta de las desventajas de darle a sus hijos todo lo que quieren", dijo Nathan Dungan, entrenador financiero y autor de "Hijos pródigos y niñas materiales" (Prodigal Sons and Material Girls). Primero que nada, es costoso cumplir todos los caprichos de los niños; este costo es más difícil de pagar en una economía de ansiedad. Al ser sobre indulgentes, corren el riesgo de criar hijos que no entenderán el valor de un dólar o no obtendrán las habilidades necesarias para manejar su vida fuera del presupuesto que le den sus padres. Esto puede generar malos hábitos, como dependencia de las tarjetas bancarias más adelante.
¿Están listos para unirse a la ola de padres que están cambiando sus hábitos? Prepárense: hacer que sus hijos, sobre todo los adolescentes, acepten una nueva realidad menos indulgente puede ser un reto. Las siguientes estrategias te ayudarán a afrontarlo:
Sal del juego
Es fácil tener malos hábitos en cuanto a lo que gastas en tus hijos (a pesar de que digan que la intención es lo que cuenta). El primer paso para corregir este tipo de comportamientos es identificándolos. Sé honesto contigo mismo sobre por qué y cómo has estado malcriando a tu hijo: ¿normalmente cedes ante las peticiones de tus hijos con dinero o con cosas?, ¿dejas que usen tu tarjeta de crédito sin problemas? También piensa en por qué has estado malcriando a tu hijo (puedes empezar a preguntarte qué valores monetarios te enseñaron tus padres) y las consecuencias que tendría no dejar de hacerlo.
"Mi generación tenía el dinero muy apretado", dice Susan Basso, de 56 años, de Montclair, Nueva Jersey, madre de Julia, de 18 años. "Así que cuando tuvimos la capacidad de darle cosas a nuestra hija, quisimos darle todo". Esto implicó clases de música, de equitación, de patinaje y de tenis. Después, llegaron los regalos, como una bolsa de 1,700 dólares que le compraron en una ida de compras regular.
"En retrospectiva, no le hice ningún favor", dice Susan, quien está preocupada por cómo es que su hija manejará su dinero cuando vaya a la universidad este otoño. A Julia también le preocupa. "Soy pésima con el dinero", dice. "Mis papas se esforzaron por tener todo lo que tienen pero ahora yo no tengo sentido de la realidad".
Sé parte del equipo de papá y mamá.
Asegúrate de estar en la misma sintonía con tu pareja "o los niños los pondrán en contra del otro", advierte Dungan. Elona Washington, de 37 años, de Wylie, Texas, sabe esto por experiencia. Tras perder su empleo, Elona le dijo a su hija, Brynna, ahora de 17 años, que ya no tenía las tarjetas de crédito ilimitadas de mamá, así que Brynna fue con su padrastro "y ella obtiene todo lo que quiere de él", dice Elona con pesar. Si sigue así, como dice Jon Gallo, coautor de "Niños con Cuchara de Plata", (Silver Spoon Kids) junto con su esposa Eileen, Brynna "nunca aprenderá las consecuencias de no ahorrar".
Siéntense como pareja para hablar de los pasos que tomarán con sus hijos (usen las ideas de este artículo y de otros como guía), y prometan que consultarán con el otro antes de salirse del plan.
Suban a los niños a bordo
Ya que están cambiando las reglas del juego, es crucial hablar con tus hijos sobre cómo cambiará la vida de aquí en adelante. Hazles saber que quieres que desarrollen aptitudes importantes sobre el dinero y el ahorro, lo cual no se logrará a menos que tú cambies lo establecido.
Si tu hijo es mayor, sé franco: dile que la economía te hace sentir más vulnerable, o que el que su papá haya perdido su empleo significa que no puedes gastar como antes. Incluso puedes confesarle que gastaste de más en épocas buenas y ahora te arrepientes.
"Integra a tus hijos a la discusión", dice Sharon M. Danes, profesora de economía familiar en la Universidad de Minnesota. Stephen Leonard y Kimberly Jeffries Leonard, de 48 y 46 años de Washington D.C., tuvieron este tipo de conversaciones con sus hijos Víctor y Alexander, de 12 y 8 años a la hora de cenar. Pidieron retroalimentación a sus hijos, quienes "tuvieron muy buenas ideas", dijo Kimberly, por ejemplo, "dijeron que cambiarían sus juegos viejos de PSP por los nuevos que quieren".
Pasa el dinero del presupuesto
Una de las mejores formas de enseñarles a los hijos sobre recursos limitados es hacer que manejen su propio dinero.
Para los niños más pequeños, esto significa una mesada y la responsabilidad de cada gasto, por ejemplo, música de iTunes que antes era financiada por ti, como dice Jon Gallo.
Para los adolescentes: auméntales la mesada y hazlos responsables de la mayoría de sus gastos (películas, gastos del coche, etcétera.). Tal vez será necesario que se ganen parte del dinero que necesiten. También dejen en claro qué gastos cubrirás tú y hasta qué punto (ejemplo: 100 dólares al mes en ropa).
Tal vez descubras a tus hijos gastadores convertidos en unos avaros con su propio dinero. Aunque aún no llega a ese punto, Dalyn Fountain está aprendiendo rápido sobre la necesidad de administrar su dinero. "Me lo dan el viernes, pero luego llega el sábado y voy al centro comercial. Esta semana se me acabó en, qué, ¿un día?".
Haz que trabajen por lo que quieren.
Si tus hijos han recibido casi todo lo que piden, no entenderán la relación entre esfuerzo y recompensa. Para que aprendan esta lección, haz que se ganen las cosas que quieren.
Para los más pequeños: ofréceles un pago por hacer cosas fuera de sus tareas comunes, dice Eileen Gallo.
Para los adolescentes: aliéntalos a obtener un trabajo de medio tiempo, como lo hicieron los padres de Julia Basso. Ahora que ella tiene un trabajo regular de niñera, Julia comenzó a entender que es más difícil ganar dinero que gastarlo. "Estoy orgulloso de ella", dice su papá, George. "Antes éramos su banco, pero ahora ella se encarga de sus gastos diarios".
No dejes que gane el drama
Llega un punto en el que todas las familias escuchan: "¡pero todos los demás tienen uno!". Trina Giusti, de 35 años, de Chandler, Arizona, ya lo escuchó. "Mi hija de diez años realmente quiere un celular, dice que es la única niña de quinto año que no tiene uno". Primero, revisa la realidad, ayuda a tu hijo a entender por qué podría parecer que todo mundo tiene uno cuando no es cierto.
Si decides sí comprar el artículo, explícale que los recursos limitados requieren un sacrificio: tener esto significa no tener algo más. Así que cuando tu hijo te diga que quiere una patineta de 60 dólares, dile "¿pero no que querías unos tenis nuevos? Sólo puedo gastar 60 dólares, ¿qué prefieres?".
Si no vas a comprar el artículo, explícale por qué. Giusti le dijo a su hija Gabriela cuánto cuesta un plan de celular. Pero alienta a tus hijos a que ahorren para comprar sus cosas, y considera hacerles un ofrecimiento de igualarles sus ahorros. Por muy mal que te sientas, no cedas, porque al hacerlo estás enviando mensajes mezclados y les enseñas a que insistir funciona.
Donna Kornegay se siente muy cómoda fijando límites, sobre todo ahora que ya vio los resultados. "Ahora las niñas entienden que tienen que trabajar por lo que ganan o no podrán obtener las cosas que quieren". Papás: afinen sus gargantas, pueden decirlo también: No.


Fuente:

CNNExpansion.com

02/06/09



No olvides visitar

La escuela y la educación de los hijos


A los ojos de los padres, los maestros se convierten en los "otros padres" de sus hijos.
Así es que los padres tienen (o deberían tener) un interés legítimo respecto a lo que los maestros hacen a sus hijos.
¿Serán los maestros una buena o mala influencia? ¿Ayudarán a los niños a aprender? ¿Querrán los niños a sus maestros? ¿Lograrán los maestros que los muchachos se comporten? ¿Les enseñarán lo que debe saber?
A los ojos de los maestros, los padres son los "otros maestros" de los alumnos. Así es que los maestros tienen un interés, también legítimo, por lo que los padres hacen a los alumnos cuando regresan a su casa de la escuela.
¿Qué clase de ambiente hogareño tiene el alumno? ¿Se preocuparán los padres por que los muchachos hagan su tarea? ¿Criticarán los padres los métodos de enseñanza de los maestros o sus métodos de disciplina? ¿Esperarán demasiado de los maestros, especialmente cuando se trata de corregir los problemas que los chicos tienen en su hogar?
Los padres sufren si la relación maestro-alumno es mala; los maestros sufren si la relación padre-hijo es mala.
Ambos tiene parte en la relación que el muchacho tiene con el otro adulto. A pesar de este interés mutuo en el comportamiento del otro, un padre y un maestro rara vez tienen una relación significativa entre sí.
No se ven con frecuencia, y cuando se ven, el tiempo que están juntos es muy limitado.
No es de sorprender que los padres hayan sido tradicionalmente muy ineficaces para influir sobre los maestros con el fin de que cambien, y que los maestros hayan sido impotentes cuando tratan de modificar la conducta de los padres.
Padres y maestros son en realidad agentes independientes y separados; cada uno tiene una relación importante con un muchacho pero no disfrutan de una relación estrecha e importante entre sí, aun cuando cada uno se ve afectado por el comportamiento del otro.
Los padres son los primeros maestros que tienen los niños y durante los primeros cuatro o cinco años, generalmente son los únicos de importancia.
Cuando se considera que durante los primeros cinco años de su vida un niño aprenderá alrededor del 90 por ciento de lo que aprenderá durante toda su vida, la importancia de la calidad de la enseñanza paterna alarmantemente clara.
Los padres no son simplemente los primeros maestros, son con mucho los más importantes.
El papel del padres como maestro con frecuencia dura hasta que el hijo llega a la edad adulta y en ocasiones hasta después.
El padre como maestro del niño
La educación de un niño empieza en el momento de nacer (o antes, según los expertos) y solo termina cuando llega la muerte.
Los padres constantemente enseñan a sus hijos todo lo que pueden acerca del mundo en el que crecen.
Muchos padres son maestros sumamente eficaces cuando sus hijos son muy pequeños. Su "área de aceptación" es muy amplia, y rara vez esperan grandes cosas o cosas irreales; la conducta del niño casi siempre es aceptable para los padres.
Si el niño ni puede aún coger una sonaja, no lo castigan ni lo condenan, ni lo tachan de "psicomotor retrasado".
Los padres simplemente lo intentarán de nuevo al día siguiente. Su actitud expresa: "todavía no es capaz de coger sus sonaja, pero lo hará uno de estos días".
Casi todos los padres conceden también una gran libertad a un niño pequeño de modo que pueda aprender por sí mismo cuando esté listo para hacerlo.
Muchos padres dejan al niño la responsabilidad total de lo que aprende y cuándo lo aprende.
Aceptan y confían en la capacidad del niño para aprender. Rara vez tienen los padres dudas graves sobre la potencialidad innata del pequeño para aprender.
Y nadie se sorprende de que la confianza y aceptación de los padres sea generalmente vindicada, y todos los días tienen efectivamente pruebas de todo lo que su hijo ha aprendido prácticamente por sí solo: cómo rodar en su cunita, cómo reconocer a la madre, cómo recoger un objeto, cómo estirar sus piernecitas, cómo comunicarse cuando tiene hambre o sed.
Hay algo muy hermoso acerca de los padres como maestros cuando sus hijos son bebés.
Parece que los padres están inherentemente equipados para ser maestros eficaces de niños muy pequeños.
Los maestros profesionales podrían aprender mucho de esos padres.
A medida que el niño que crece y empieza a querer caminar y hablar (sin ninguna enseñanza formal), algo sucede a los padres: empiezan a perder su eficacia como maestros.
Empiezan a "entrenar" a sus hijos, a "darles lecciones". Y presionan demasiado. Ofrecen premios y amenazan con castigos, sermonean y evalúan; comparan a sus hijos con otros niños; se preocupan y se afligen; usan todos los doce obstáculos.
Envían mensajes "tú" de culpa. Usan su poder y autoridad.
Las alternativas para estos métodos ineficaces de enseñanza […] son igualmente válidas para los padres que desean ser más eficaces como maestros de sus hijos.
También los padres pueden aprender la forma de obtener lo mejor de esta juventud a la que enseñan.


Fuente:

El Porvenir.com

02/06/09



No olvides visitar

lunes, 1 de junio de 2009

MASCOTA PERFECTA



Si tiene un perro en casa entrénelo para que aprenda las reglas que a usted le convienen para facilitar la limpieza del hogar y la convivencia familiar. Los perros tienen la capacidad de aprender a comportarse de manera civilizada.Los animales domésticos son la perfecta compañía para los niños y los adultos, pues son divertidos y agradables, pero por desgracia no todo mundo sabe elegir la más adecuada para su estilo de vida...Si quiere comprarles una mascota a sus hijos o desea adquirir una para usted o su pareja, es importante tomar en cuenta ciertas consideraciones. Lo primero es entender que las mascotas no son juguetes, sino animales que sienten al igual que las personas, por lo cual merecen todo su respeto, cuidados y consideración.Después de reflexionar lo anterior, debe elegir la mascota más adecuada para la persona pensando en su estilo de vida, espacio habitacional y ocupaciones o tiempo libre. Analice muy bien qué es lo que busca, cuáles son sus motivaciones para incorporar un nuevo miembro a su familia.Recuerde, no es lo mismo buscar una mascota para compañera de juegos de sus hijos, que una para cuidar su hogar o para pasear por el parque con los abuelos. Por ejemplo, si le gusta correr por los parques o quiere un animal que juegue incansablemente con los niños, entonces su mejor opción es un perro.Pero si no tiene tiempo de pasear, le gusta ver cientos de películas o es un lector empedernido, entonces la elección acertada es un gato. Los peces son acompañantes perfectos para gente que le gusta tener algo de colorido en su habitación, son relajantes y no necesitan mucha atención.Si le gusta la naturaleza, una buena opción para regalar o tener son los pájaros. Estos animales le alegrarán la vida con sus cantos a cambio de pocos alimentos y cuidados. Ahora, si vive en un lugar con un gran jardín o áreas verdes, entonces tiene la opción de inclinarse por conejos o tortugas de tierra, siempre y cuando, los dueños no sean niños.Considere su entorno, es decir, dónde va a vivir su mascota; si su casa es pequeña no le conviene adquirir un perro gigantesco.También es esencial no olvidar quién se va a encargar de sus cuidados si la mascota es de un niño; asegúrese de darle una de acuerdo a su nivel de responsabilidad y capacidad. Eso sí, aunque la mascota sea de sus hijos, usted debe estar al tanto de ella, pues casi siempre los niños olvidan cuidarla como merece.No es lo mismo una mascota para una familia con niños pequeños o ya con adolescentes... Adquiera el animal de acuerdo a la edad de quien lo tratará más.También debe considerar el gasto que implica su manutención y cuidados; hay animales mucho más caros de mantener que otros. Si actúa con inteligencia y responsabilidad, seguramente adquirirá la mascota más adecuada a su estilo de vida y costumbres. Si no tiene demasiado dinero, haga un presupuesto de cuánto quiere gastar en alimentación, cuidados médicos y demás; después, en base a ello, reflexione cuál mascota le conviene más. Pero, por fortuna no todo en las mascotas son gastos; estos animales devuelven mucho más de lo que se les da en muestras de cariño y compañía. Los animales domésticos suavizan el carácter rebelde de los adolescentes, aumentan su autoestima y sus habilidades sociales.Por si fuera poco, los animales de compañía satisfacen necesidades psicológicas como afectividad y acompañamiento en las personas grandes. Por último, no lo olvide, si elige la mascota adecuada para el dueño y su estilo de vida, entonces tanto la persona como el animal serán muy felices.Más fácil¿Cómo elegir el perro más adecuado?> Si va a adquirir un perro como mascota, debe tomar en cuenta que no todas las razas son iguales ni tienen el mismo carácter. Por eso, para escoger el cachorro más adecuado, es necesario pensar muy bien en sus preferencias y estilo de vida; por ejemplo, si no tiene mucho espacio entonces no adopte un San Bernardo.> Recuerde, los mejores perros son los que tienen pedigrí, es decir, son de raza, pero además forman parte de una selección cuidadosa de muchas generaciones. Esta clase de perros son muy caros, pues se sabe quiénes fueron sus antepasados y se conoce la estructura de su cuerpo así como los rasgos particulares de su raza.> Pero no necesita de un perro muy fino para tener una buena mascota; si adopta un “can” según sus necesidades, obtendrá a cambio de sus cuidados, horas de diversión y felicidad. > Si busca un perro guardián, un Bulldog, un Doberman, un Bull Terrier o un Rottweiller, son la mejor opción; sólo no olvide que necesitará paciencia para educarlo.> Si va a regalar un cachorro para hacer compañía a sus padres o abuelos, inclínese por un chihuahua, un maltés o un pequinés. > Ahora, si desea un perro al que le encante jugar con los niños, nada mejor que un Schnauzer miniatura o un Terrier como el Scottish, el Yorkshire o el West Highland.ANTES DE ELEGIR...Piense en el tamaño y peso que llegará a tener el perro cuando crezca; recuerde, según su complexión estos animales se dividen en tres tipos:> Las razas pequeñas: 2.5 a 10 kilogramos.> Las razas medianas: 10 a 25 kilogramos.> Las razas grandes: Más de 25 kilogramos.Los perros de razas pequeñas son cachorros hasta los 8 meses; entre los 8 y los 12 meses se convierten en adultos y a partir de los 8 años de edad son ancianos. Los perros de razas medianas son cachorros hasta los 12 meses, luego se convierten en adultos y se les considera ancianos a partir de los 7 años de edad.Los perros de razas grandes son cachorros hasta los 12 meses, después ya se les considera adultos; al llegar a los 6 años de edad, ya son ancianos.





Fuente:



Guía del Golfo


1/06/09


http://www.guiadelgolfo.com/articulo.php?id=1700&edicion=108








No olvides visitar


http://www.happylittleseeds.com.mx/

Muchos chicos se conectan a internet y beben café hasta tarde


NUEVA YORK (Reuters Health) - Los adolescentes excitados por el consumo de cafeína envían mensajes de texto, navegan en internet y juegan durante horas por la noche, lo que afecta su estado de alerta y su capacidad de funcionar durante el día, reveló un estudio publicado en la revista Pediatrics.
"Se quedan despiertos de noche y hacen menos tarea escolar de lo esperado y son mucho más multitarea", dijo a Reuters Health la doctora Christina J. Calamaro, de la Drexel University, en Filadelfia, autora principal del estudio.
El equipo dirigido por Calamaro halló que cuanto más multitarea era un adolescente, más propenso era a quedarse dormido de día, mientras que los niños que cabeceaban eran también los mayores consumidores de cafeína.
Los expertos creen que los adolescentes necesitan por lo menos nueve horas de sueño por noche, pero los adolescentes estadounidenses duermen siete en promedio.
El equipo investigó si el uso de la tecnología y el consumo de bebidas cafeinadas afectaría la cantidad de horas de sueño nocturno y el nivel de somnolencia diurna; para eso, entrevistó a 100 adolescentes de entre 12 y 18 años.
Para medir el nivel de consumo nocturno de tecnología entre los participantes, el equipo desarrolló un "índice multitarea": la cantidad total de horas que un adolescente le dedicaba a nueve actividades (mirar TV, escuchar MP3, hacer la tarea y mirar DVD o videos, etc.) dividido por nueve, que es la cantidad de horas entre 9 p.m. y 6 a.m.
El índice multitarea promedio de los participantes era alrededor de 0,6; lo que indica que hacían una de nueve actividades en 5,3 horas o cuatro actividades en 80 minutos cada una.
Uno de cada cinco participantes dijo que dormía entre ocho y 10 horas por noche; ellos tenían un índice multitarea promedio de 0,39.
Un tercio de los adolescentes dijo que se quedaba dormido en el colegio y ellos eran los que dormían dos veces por día en promedio, aunque algunos dijeron que se quedaban dormidos unas ocho veces al día. A mayor índice multitarea, mayor probabilidad de quedarse dormido en el colegio.
El consumo adolescente promedio de cafeína fue de 215 mg diarios o el equivalente a un par de tazas de café expreso.
Casi tres cuartos de los participantes bebía más de 100 mg de cafeína por día y algunos consumían cantidades excesivas; el 11,2 por ciento tomaba más de 400 mg de cafeína por día. Un estudiante dijo que bebía más de 1.400 mg de cafeína por día.
Catorce participantes tenían licencia de conducir y la mitad de ellos dijo que sentía sueño mientras manejaba; uno de ellos admitió que se quedaba dormido al volante.
"Estos adolescentes altamente multitarea tienen riesgo de tener problemas de rendimiento escolar, problemas con la función ejecutiva y degradación de la función neuroconductual", advirtió el equipo.
La investigadora dijo que si bien el estudio había sido pequeño, esperaba que los resultados reflejaran realmente la conducta adolescente. "No me sorprendería que al replicar el estudio se repitan los resultados porque esto es lo que están haciendo los adolescentes", expresó.
Calamaro dijo que los padres deben tomar medidas para controlar el uso de la tecnología a la noche. Es básico mantener la televisión, la computadora y, en especial, los celulares fuera de la habitación de los hijos.
"El uso de los mensajes de texto es todo un problema. Y nos daremos cuenta de que es aún mayor", manifestó la investigadora.
Los padres, agregaron los autores, deberían desalentar en los adolescentes el consumo de bebidas con cafeína después del mediodía.
Mientras que los relojes biológicos de los adolescentes los forzarían a permanecer despiertos más tarde que los adultos, y también levantarse más tarde, sigue siendo importante que los adultos envíen el mensaje de que la noche es el momento para tranquilizarse, agregó Calamaro.
"Aunque sabemos que los adolescentes tienen otro esquema horario, podemos hacer que sigan menos conectados a la noche", finalizó la autora.
FUENTE: Pediatrics, junio del 2009


Fuente:

Buena Salud

1/06/09



No olvides visitar