miércoles, 4 de noviembre de 2009

Padres separados: el hijo objeto


E ste sí que es un asunto preocupante, este sí que es un problema que requiere atención urgente: en el conflicto conyugal, cuando hay descendencia la víctima es el hijo. No le den ustedes vueltas o, si lo prefieren, le damos todas las vueltas posibles y una más. El hijo ha llegado a la familia para ser feliz, para recibir amor, atenciones y cuidados, todos los que necesita. Claro es que los progenitores no se han planteado antes la posibilidad de que las campanas nupciales puedan convertirse en nubarrones de discordia -que para ello al menos deberían estar mínimamente preparados-, pero es obligación de papá y de mamá en 'periodo discrepante', y perdonen el eufemismo, analizar o al menos imaginar qué es lo que va a pasar en la mente de su hijo cuando barrunte que algo está sucediendo en su familia, cuando compruebe que, además de las caras largas, se producen novedades como que los papás no se hablan y que mamá está llorosa; y mucho más cuando uno de ellos, o los dos, le hablan de que…, bueno, en una temporada papá tendrá que estar fuera de casa por motivos de trabajo, pero que el niño no tiene que preocuparse porque seguirán viéndose… (Y el niño, que no es tonto, se pregunta por las causas y las consecuencias de todo ese lío, y, según la edad, permanece en la inopia, o se da una palmada en la frente, o alguien le saca de su ignorancia con mejor o peor estilo). A veces, de forma inmediata, el hijo advierte que se acentúan las caricias y las atenciones por parte de papá o de mamá, o de ambos, y puede que llegue a frotarse las manos celebrando los extraños motivos de tanta ventura… Puede que de pronto se advierta excesiva tolerancia por parte de uno de los progenitores y a veces, desgraciadamente, el hijo reciba mensajes de uno o de otro valorando determinadas actuaciones, o criticando algunos hechos, o poniendo de relieve circunstancias que el niño o la niña no habían advertido nunca pero que, sin duda, dejan en muy mal lugar al criticado.
Sobre el síndrome de alienación parental (SAP) se habló y se escribió mucho desde hace bastantes años, y son numerosas las sentencias de Juzgados de Familia que han basado sus resoluciones en la existencia de 'maniobras' perturbadoras para la mente del hijo, realizadas malévolamente por un progenitor en perjuicio del otro (al final, la víctima, el niño). Después de aquella 'fiebre' sobre el SAP, el ministerio de Igualdad tomó partido y erróneamente elevó el síndrome con autoría materna a la categoría de dogma. Luego, recientemente y a raíz de la publicación de un libro sobre esta delicada materia, voces próximas a ese singular ministerio extendieron el certificado de defunción del SAP.
Sepan ustedes, al margen de intereses políticos o de clase, que desgraciadamente muchos niños, hijos de padres que sólo han pensado en sí mismos al plantearse el conflicto, son víctimas del síndrome de alienación parental, agredidos inconscientemente por la madre o por el padre..., o por los dos (y muchas veces a propósito).
Cuando un hombre y una mujer que han fracasado en su unión como pareja humana (matrimonial o de hecho, es lo mismo) piensan en resolver sus problemas económicos como objetivo más importante..., los hijos corren gravísimo peligro. Por eso hay que propagar la idea de que lo único verdaderamente trascendental en la crisis es el hoy y el mañana del hijo


Fuente:

El Norte de Castilla

11/04/09



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